aire fresco - humedad la justa
la casa
que respira
¿Puede o debe respirar nuestra casa? Una casa no respira, nosotros sí. Y una casa debe tener una correcta ventilación y un control de humedad para que nosotros podamos respirar tranquilos.
Podemos elegir materiales que «respiran», es decir que son abiertos al paso del vapor de agua para evitar condensaciones.
Las ventanas deben ser estancas y, al mismo tiempo, permitir una ventilación adecuada de la que el usuario es el responsable.
El sistema de calefacción y refrigeración tiene mucha importancia sobre la calidad del aire interior: su temperatura evidentemente, pero también de su grado de humedad y su movimiento.
Aclaremos algunos conceptos para ver como conseguir un alto grado de confort.
el confort higrotérmico
El confort que depende de las temperaturas y condiciones de humedad de un ambiente se denomina confort higrotérmico, mientras el confort en general incluye también condicionantes como la calidad del aire, su velocidad y el nivel sonoro. El confort se define a nivel personal, pero también existe normativa al respecto, por ejemplo la EN 7730.
temperatura del aire
y su velocidad
En función de la temperatura del aire, de la actividad individual y de la existencia de corrientes de aire sentimos bienestar: Cuanto más calor hace y nos tengamos que mover, más apetece un ventilador para «refrescar». En cambio no nos gustan nada las corrientes en invierno.
temperatura del aire
y de la envolvente
Muy importante: El cuerpo humano intercambia energía con el aire, ¡pero también con los demás cuerpos sólidos! Podemos tener frío con el termostato a 20ºC si los muros no están aislados. Sus superficies frías (14º) piden energía a las demás superficies y nosotros (36º) se la mandamos. Sentimos frío.
En cambio hay pleno confort térmico con el aire a 19º e incluso menos si la envolvente (muros, techo, suelo) se encuentran a 20 o 25º ya que hay mucho más equilibrio de temperaturas. Con un aislamiento y un sistema de climatización adecuado es fácil conseguirlo. Hasta sentimos confort en la nieve con ropa ligera si un buen sol (cuerpo lejano de alta temperatura) nos manda su energía en forma de calor radiante.
temperatura y
humedad del aire
La humedad del aire interior es esencial para nuestro bienestar: incide en el confort y también en la salud porque de ella depende la carga de bacterias y virus.
Depende de la humedad natural exterior, pero nosotros influimos fuertemente en ella con los hábitos diários.
Generamos humedad en gran cantidad (al ducharnos, bañarnos, lavar ropa y platos y… ¡respirando!) y la intercambiamos con el exterior al ventilar por ventanas o equipos.
Tambien influyen la temperatura del aire y la manera de calentar o refrigerar. Los sistemas radiantes tienen menos efecto sobre la humedad que los que calientan o enfrían el aire.
humedad absoluta del aire
El aire siempre contiene agua en forma de vapor. Un metro cúbico de aire de 20 ºC contiene unos 10g (= 1 cl) de agua si su humedad relativa es del 54%. Una habitación de 4×4 m2 y 2,5 de altura tiene 40 m3 y a esta HR tendría unos 400g de agua en suspensión: casi medio litro.
10 g = 1 cl
punto de rocío
humedad relativa (HR)
La humedad relativa del aire
El aire siempre contiene agua en forma de vapor. Un metro cúbico de aire de 20 ºC contiene unos 10g (= 1 cl) de agua si su humedad relativa es del 54%. Una habitación de 4×4 m2 y 2,5 de altura tiene 40 m3 y a esta HR tendría unos 400g de agua en suspensión: casi medio litro.
aire saturado - humedad condensa
10 ºC - 100% HR
humedad relativa media
20 ºC - 54% HR
humedad relativa baja
30 ºC - 31% HR
condensaciones
Cuando la humedad relativa está al 100% se condensa; incluso mucho antes se dan las condiciones para moho y hongos, por eso interesa evitarla.
Por ejemplo,
- el aire exterior de 30º y 75 % HR (si ventilamos a malas horas en verano), se nos puede condensar en una pared de 25º!
- la humedad en un baño o una cocina con 20º y 75 % HR (si no ventilamos en seguida), se nos condensará en una pared sin aislar con 15º en superficie!
Las condensaciones puntuales no suponen un problema, especialmente en superficies no propensas al moho (cal, arcilla, cristal etc.). Pero hay que evitar los focos permanentes: aislando y ventilando correctamente.